13 julio 2006

POLICIA NACIONAL GUARDIA CIVILY EJERCITO RECIBEN EL PREMIO MIGUEL ANGEL BLANCO

Guardia Civil, Policía Nacional y Ejército reciben el Premio Miguel Ángel Blanco
Acoge hoy la ceremonia del galardón, que conmemora el noveno aniversario del asesinato del edil del PPEl Patronato de la Fundación Miguel Ángel Blanco ha decidido otorgar el IX Premio a la Convivencia Miguel Ángel Blanco 2006 a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado con mención especial a los miembros del Ejército que han sufrido la violencia terrorista. Este galardón se viene otorgando desde el año 1998.Las tres estatuillas que se entregarán a la Policía Nacional, Guardia Civil y al Ejército.
La ceremonia de entrega de este premio se realizará hoy miércoles, a partir de las doce del mediodía en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Logroño 'Riojafórum'. Ejercerá como anfitrión de esta ceremonia el presidente de La Rioja, Pedro Sanz.
El acto contará con la presencia de más de 150 invitados, con una amplia participación de las autoridades y políticos. A ellos se sumará la más alta representación de la Guardia Civil, Cuerpo Nacional de Policía y del Ejército, quienes serán homenajeados y distinguidos con el premio. Este año, por primera vez se entregará como premio una obra escultórica creada por el artista vasco Agustín Ibarrola.
La directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco, Cristina Cuesta, comentó que con este Premio de Convivencia «queremos agradecer 'in situ' a la población riojana aquel esfuerzo general que se hizo por salvar la vida de Miguel Ángel, aunque no pudo ser». Cuesta destacó que «es un homenaje a Miguel Ángel Blanco y a todas las víctimas del terrorismo, así como un reconocimiento a la labor de estos cuerpos de seguridad en la derrota definitiva del terrorismo de ETA».
Proyección de un vídeo
El acto de entrega del IX Premio a la Convivencia Miguel Ángel Blanco lo presentará el periodista riojano del diario 'El Mundo' Fernando Lázaro. Tras la presentación inicial tendrá lugar la proyección de un vídeo que tratará sobre el sacrificio que han realizado los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en la lucha contra el terrorismo.
Al visionado de este vídeo le seguirá una intervención de la presidenta de la citada Fundación, María del Mar Blanco, hermana del concejal asesinado hace nueve años. El discurso que pronunciará María del Mar Blanco se fundamentará en el por qué de la creación y entrega de este premio, y se añadirá una exposición sobre la situación en general. También harán uso de la palabra los tres representantes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que van a recibir el galardón.
Recibirán los premios el coronel Antonio Velilla jefe de la X Zona de la Guardia Civil de La Rioja, el comisario principal Manuel Álvarez, que es el Jefe Superior de Policía de La Rioja y el general de división Ángel Matellanes García, de la Subinspección General del Noroeste, en representación del Ejército. El acto se cerrará con una alocución del presidente de La Rioja Pedro Sanz una alocución del presidente de La Rioja Pedro Sanz.

11 julio 2006

El rosario-collar de Sonsoles

Antonio Burgos
A una bicicleta con su manillar, sus pedales, su cadena, su cuadro y sus dos ruedas, nadie la llama «bicicleta tradicional», sino bicicleta. Pues si tú le pones a la bicicleta un motor y un depósito de gasolina, no es una bicicleta, sino un vespino. A una casa con su tejado, sus muros, sus ventanas, su puerta y sus cuartos nadie la llama «casa tradicional», sino casa. Pues si tú le pones dos ruedas y la enganchas a un coche, no es una casa, sino una ruló. A un árbol con su copa y su tronco, sus raíces y sus ramas, nadie lo llama «árbol tradicional», sino árbol. Pues sí tú coges un hacha, cortas el tronco y con una máquina sacas el tocón, no es un árbol, sino una tropelía más de los que se quieren cargar el centro como sea, porque allí votan al PP.
Y los que llaman a las cosas por su nombre, bicicleta a la bicicleta y casa a la casa, le han robado el suyo a la familia, que es ahora «familia tradicional». Ni la visita del propio Benedicto XVI ha logrado que las terminales mediáticas más cercanas al Gobierno y a la relativista ideología progre dominante llamen a las cosas por su nombre en materia de familia. Y del matrimonio, ni te cuento. El casamiento por la Iglesia o por lo civil de un señor con una señora es «el matrimonio tradicional». Como la familia formada por ese señor y esa señora, más los hijos habidos en el matrimonio, es, ¡toma castaña!, «la familia tradicional».
-Y las gracias ha de dar usted a Dios, porque podrían llamarla cosas peores, como la familia carca, la familia reaccionaria, y por descontado la familia facha.
Lo que más me ha gustado del tacto y de la valentía del Papa es que ha llamado a las cosas por su nombre: a la familia, familia; al matrimonio, matrimonio. Y con toda elegancia, además, ni ha mentado el escarnio contra natura de llamar matrimonio a la unión civil de dos personas del mismo sexo. Bofetada sin manos. Nada hay más subversivo que renunciar al lenguaje de lo políticamente correcto y llamar a las cosas por su nombre.
Cosa que no saben hacer en La Moncloa. El Papa le regaló un rosario bendito a la señora de Rodríguez, ella de soltera Sonsoles Espinosa, y a la vicepresidenta Fernández. ¿Sabe usted cómo se dice esto en palabras de un portacoz (sí, portacoz, no es errata) de La Moncloa? Pues así: «A las señoras les ha regalado el Papa un collar de perlas con una cruz».
-¡Vamos, que en La Moncloa confundieron al Papa con Orobriz!
Claro, quienes dicen que la unión sacramental de un señor y una señora es «el matrimonio tradicional», y que el verdadero matrimonio es lo otro rarito, no saben qué es un rosario. Y si lo saben, lo disimulan. Mal. Porque podían haber dicho: «A las señoras les regaló un collar de cuentas con una cruz como el que se pone al cuello David Bisbal». Para esto han dejado el rosario: «A Cai no le llaman Cai,/ que le llaman joyería,/ que en La Moncloa el Rosario/ es una bisutería». De nada sirve que Juanito Valderrama se pasara la vida cantando el «me voy a hacer un rosario con tus dientes de marfil». Aquí no se hace rosario ninguno: no por cuestión de odontología, que hay que echarle los dientes abajo a la amada para engarzarlo; sino por asunto de progresía. Rosario rima con reaccionario: Charini, cámbiate el nombre.
Lo que no sé es cómo el alcalde de Sevilla acudió a la coronación de la Virgen del Rosario de Montensión, siendo del mismo partido que el marido de Sonsoles la del collar con cruz. Se excusaría ante sus agnósticos correligionarios, diciendo que él había ido al Collar de Perlas Majórica de Montensión. El rosario en familia del Padre Peyton lo cogen por otro lado. Aquello de «Familia que reza unida permanece unida» lo han convertido en «Partido que trinca unido permanece unido y no lo echan del poder ni con agua caliente». Y tienen tanta suerte que los siguen votando. Y el que acaba como el rosario de la aurora es el PP.

03 julio 2006

ESTAN VIVOS PERO ETA LOS ANIQUILO


El Mundo 25-06-06 Crónica GUARDIAS CIVILES / «DEJARNOS MATAR IBA EN EL SUELDO»

ESTOS 24 HOMBRES de la foto son guardias civiles que sobrevivieron a dos coches bomba hace 20 años. Por primera vez, se reúnen y permiten que un periodista asista a lo que parece una terapia psicológica en voz alta. Menos uno, todos llevan en sus bolsillos pastillas para combatir secuelas de los atentados. Uno cree que vio a Lucifer, otro sueña que no tiene rostro. Testimonios escalofriantes ANIBAL MALVAR
Muchos de ellos no se veían desde hace 20 años. Las mesas se han montado como para una boda, pero corre menos vino. La medicación está contraindicada con el alcohol. Veinticinco guardias civiles, víctimas de dos atentados que ETA perpetró en Madrid a mediados de los 80, se reunieron el sábado 17 de junio en un restaurante madrileño. Cuarenta fueron los guardias civiles heridos por los coches-bomba del 9 de septiembre de 1985 en la plaza de República Argentina y el 14 de julio de 1986 en la plaza de República Dominicana.Doce uniformados fallecieron. Veinte años más tarde ninguno de ellos lo ha superado. Ni física ni psicológicamente.
En los bolsillos de todos ellos -miento: uno, sólo uno, asegura que su única medicina es el deporte- brincan las pastillas coloreadas de orfidal, prozac, ludiomil, tryptizol, alción, rohipnol... A pesar de lo festivo de la reunión, muchas caras se ven cansadas, envejecidas por lustros de miedo y pesadillas.J.C. ya no patrulla en moto las carreteras. En 2001, por fin, lo jubilaron: : «A veces no me atrevía a parar un vehículo infractor porque pensaba que eran ellos, que volvían a por mí para rematarme.El psicólogo me explica: "No van a ir a por ti, quítate esa idea de la cabeza". Pero no puedes. Cuando duermes, cuando el cerebro se relaja...».
J.C. apenas recuerda nada del atentado. «Sé que salí disparado por el pasillo. Cuando me levanté, no veía ni oía nada. Me eché la mano a la cara y tenía trozos de carne de mi compañero Jesús Jiménez Jimeno. Él murió en el acto. Salí del autobús como pude, pistola en mano, convencido de que los etarras estaban esperando fuera para ejecutar a los supervivientes».
El 14 de julio de 1986 a las ocho de la mañana un autobús, un microbús y un Land Rover de la Guardia Civil atravesaban la calle madrileña de Príncipe de Vergara -como cada día desde hacía 10- para salir hacia la carretera de Burgos. Su destino era Venta de la Rubia, donde los 70 agentes que viajaban en el convoy, con una media de edad de 23 años, realizaban cada mañana prácticas de moto para incorporarse a la agrupación de tráfico. En la plaza de República Dominicana esperaba una furgoneta Sava -con matrícula de Ciudad Real y comprada en el Rastro- que contenía 50 kilos de goma-2 y gran cantidad de metralla.
Los terroristas activaron el detonador a distancia y no acertaron de lleno. La explosión levantó la trasera del autobús. Ocho agentes murieron en el acto y 32 personas resultaron heridas, entre ellos seis civiles.
Nadie le ofreció a J.C. tratamiento psicológico en la Guardia Civil tras sobrevivir a la barbarie. Aunque él tuvo suerte. Por alguna razón, eludió el premio que los mandos de la Benemérita otorgaron a otras de las víctimas de República Dominicana: un año de servicio obligatorio en Euskadi. Él sirvió primero en Teruel y después completó su carrera en la localidad andaluza donde sigue residiendo tras su jubilación en 2001: «No des más datos. Me da miedo ver mi nombre en el periódico».
J.C. ni siquiera identificaba sus miedos, sus ataques de ansiedad, su aislamiento irracional o sus pesadillas recurrentes como secuelas del atentado. Además del pánico en la carretera, sufría pérdida de memoria, trastornos de sueño y misantropía. A veces, haciendo la patrulla, tenía que detener la moto y sentarse en el arcén, con las manos cubriendo la cara. «Vaya imagen daba a los conductores», recapacita.
En su casa, en cualquier sitio, de vez en cuando, sufre ataques de terror y no puede relacionarse con nadie. Ni con su mujer ni con sus hijos. Se encierra en una habitación y llora cuando sufre estos accesos de misantropía. Él creía que era un bicho raro y no decía nada a nadie para no perder su trabajo. Hasta que 12 años después de los sucesos se convocó el juicio y conoció al etarra José Ignacio de Juana Chaos, detenido en 1987 en Francia.Sólo entonces, pagándolo de su bolsillo, comenzó el tratamiento psicológico. No ha conseguido mitigar del todo sus padecimientos: «Yo voy a estar en este estado toda la vida». De día controla sus rarezas algo más que antes de recibir tratamiento. «Pero cuando duermes, cuando el cerebro se relaja...».
Estamos sentados a la mesa y algunos compañeros escuchan con atención ligeramente disimulada el relato de J.C. El más atento es Ciriaco -nombre supuesto-, algo mayor que los demás y víctima del atentado en República Argentina un año antes. Un Peugeot 505 aparcado cerca de la Embajada de la Unión Soviética estalló al paso del relevo de la guardia. Diez kilos de goma-2 en el primer coche-bomba que la banda terrorista utilizó en Madrid.Dieciséis guardias heridos y un ciudadano norteamericano muerto.
Desde un Seat Ritmo, los heridos fueron tiroteados al salir del microbús. Pero respondieron con fuego y los etarras se dieron a la fuga. En el suelo agonizaba Eugene Ken Brown, empleado de Johnson&Johnson que practicaba footing en las aceras. Ciriaco lo recogió del suelo y lo subió a un vehículo particular que lo trasladó al Hospital de la Cruz Roja.
Dos días después, el guardia civil se presentó en la sala de urgencias del Hospital Gómez-Ulla. Necesitaba atención médica para que las manos dejaran de olerle a muerto. Aunque Ciriaco, por la prensa, sabía que Brown todavía estaba vivo. El americano no moriría hasta el día siguiente.
Ciriaco no quiere hablar más. Se acerca su amigo y compañero en aquel microbús Alfonso Sánchez. El único de los entrevistados que no tiene reparo alguno en que su nombre sea reproducido.Quizá porque la insensibilidad de la Guardia Civil le curó los miedos hace ya muchos años. Tres meses y medio después del atentado le dieron el alta médica. Se reincorporó a la Embajada. En abril de 1986 su unidad sufrió otro atentado en las inmediaciones: «En la calle Juan Bravo murieron otros cinco guardias, tres de ellos de mi promoción». Antes de que se cumpliera un año de haber visto a Lucifer humeante con un tridente en la mano dentro del maldito microbús, le destinaron a Éibar (Guipúzcoa). Por si no había tenido bastante ETA.
-¿Dices que viste a Lucifer?
-Sí, eso pensé. Tras la detonación, vi a un tío humeante delante de mí, mirándome, con un tridente en la mano. Era mi compañero Corchado. Estaba ardiendo como una tea.
Corchado murió dos años después. Según su familia, como consecuencia del atentado. Aunque nunca se le ha reconocido y no ha recibido indemnización alguna.
La de Lucifer/Corchado no fue la única aparición que avistó Alfonso aquellos días. «Estaba vistiéndome en mi habitación del Hospital Gregorio Marañón y sin avisar entró un tío y me preguntó qué tal estaba. Yo estaba en bolas y lo mandé a tomar por el culo.Cuando salí, el compañero de puerta me preguntó: "¿Qué le has dicho al ministro?».
Era Ernest Lluch, después asesinado por dos disparos de ETA en el aparcamiento de su domicilio el 21 de noviembre de 2000.
DE PREMIO, DESTINO ÉIBAR
Pero tanta amabilidad ministerial no iba acompañada de hechos.A los pocos días de llegar con la baja a su domicilio, empezó a recibir llamadas de su capitán: «A ver si nos espabilamos, que hace falta la gente». Al fin y al cabo, Alfonso apenas tenía algo de metralla en la cabeza -que aún conserva-, el tímpano derecho reventado, el brazo derecho con numerosas incrustaciones...«Pero no era sólo el capitán. Para que veas cómo es la Guardia Civil, mi padre, que también era del Cuerpo, andaba metiéndome prisa y achuchándome».
-Hijo, hombre, que te van a echar de la empresa.
Así que cuando llegó a Éibar, en una de las zonas calientes del abertzalismo violento, Alfonso estaba curado de espantos. «Cuando salía de copas con mi compadre llevábamos un retrato enorme de Franco y nos metíamos en la herriko taberna. Nos sentábamos nosotros y sentábamos al retrato, con las pipas bien visibles. Nosotros pedíamos dos Dyck con coca-cola y para el General, les decíamos, un coñac, que él es más español».
-Oye, si cuento esta anécdota te tengo que hacer una pregunta...¿Tú no serás un poco facha?
-¿Yo? Qué va. Era una provocación -se ríe-. Como cuando volvía cargado al cuartel y colgaba la ikurriña del balcón. Por la mañana nos despertaban los mandos para que la retiráramos, pensando que era una audacia de los batasunos. «No, hombre, capitán, que he sido yo».
Entre los mandos que tuvo en Euskadi estaba el general Enrique Rodríguez Galindo, cabeza visible de la trama benemérita de los GAL y condenado a 71 años de cárcel por el secuestro y asesinato de los presuntos etarras José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala.
En el año 2000, estando aún en activo, la Audiencia Nacional dictó sentencia por el atentado de República Argentina y a Alfonso Sánchez le ofrecieron la indemnización: 890.000 pesetas de las de entonces, menos de 5.500 euros. Meses después, le dan la incapacidad total para el servicio: «A veces se me va la pinza», reconoce.Y, por fin, en 2002, se revisa su indemnización y se le ofrecen 120.000 euros.
-¿Y si De Juana, si cualquiera de los etarras que participó en tu atentado, te pidiera perdón?
-Lo aceptaría y lo perdonaría. Pero el que posee el poder de perdonar no tiene por qué bajarse los pantalones.
-¿Te refieres a la negociación de ahora?
-No estoy de acuerdo con lo que se está haciendo...
-¿Y si Batasuna se legalizara?
-Si cumple las normas democráticas...
-¿Aceptarías el acercamiento de presos?
-Sí, pero no negociaría con el cumplimiento íntegro de las penas.Y abogaría por otra cosa: porque las víctimas del GAL sean también reconocidas como víctimas del terrorismo.
Tony no sabe si es un hombre con suerte o un malhadado. Las dos adjetivaciones se le pueden aplicar según se mire. Él sonríe tristemente al recordar que Antonio Sancharro Reyes le quitó el sitio en el autobús aquella mañana de julio de 1986. Los agentes malagueños, entre ellos Tony, acostumbraban a ocupar los últimos asientos, como niños traviesos en un transporte escolar. Daban la barrila al resto desde primera hora cantando canciones de los Chunguitos y de los Chichos. «Me puse de espaldas, unos asientos más delante, cabreado por no poder participar en la jarana de los míos. Y entonces vi el fogonazo y la onda expansiva. La onda expansiva se ve, como en las películas».
Él salió ileso. Sancharro, el que le quitó el sitio, falleció al instante. A su mejor amigo, José Fernández Pertierra, lo reconoció entre los restos a pesar de que no tenía cabeza ni brazos: «Su carnet de Guardia Civil estaba al lado de su cuerpo, intacto».
Al malagueño Tony no le llegaron a conceder ni un solo día de baja tras el atentado que no lo mató de casualidad: «Me amenazaron con meterme en un manicomio si la pedía. Así es como nos trataban los mandos».
Tony nunca ha podido dejar de medicarse para dormir. Siempre está en tensión, sudando. Su desparpajo malagueño se ha diluido en más serio e irascible. Todos los guardias entrevistados coinciden en reconocer su excesiva irascibilidad. Alguno confiesa, incluso, que le ha costado el matrimonio.
«Llevo tres días sin dormir a causa de esta reunión. Todo me altera», dice Tony. En 2005 le concedieron la baja por enfermedad.El parte dice que padece estrés postraumático. Pero los facultativos añaden que sus males tienen un origen previo a su ingreso en la Guardia Civil. ¿Qué trauma infantil pudo haberle provocado el estrés a Tony? Él no lo sabe. Sólo sabe que el Estado se ha ahorrado su indemnización. Y no le parece justo.
Tampoco M.M.G., destinado en Murcia y de baja desde hace un año, considera de ley que su caso se haya saldado económicamente hace ocho años con 150.000 pesetas. Ni que el Ministerio del Interior le haya denegado una ayuda de 3.000 euros para seguir tratamiento psicológico. Sigue teniendo miedo. Tanto que hace cinco años pidió, sin éxito, que le cambiaran la matrícula del coche particular.Hace 20 años, los mandos del Cuerpo le obligaron a calzarse el casco de motorista 14 días después del bombazo a pesar de las molestias que le provocaban los puntos de sutura con los que ETA le marcó el cráneo. Recientemente, sus mandos le han intentado retirar el permiso de conducción por supuesta incompatibilidad con la medicación que se le administra. «Por suerte los de la Jefatura de Tráfico dijeron que no procedía, pero mira cómo se portan con nosotros».
«No sólo hay víctimas de primera y de segunda. Ellos, por ser guardias civiles, son víctimas de tercera regional», explica el abogado Juan Carlos Rodríguez, de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y encargado de la revisión de los casos. «Como si dejarnos matar fuera en el sueldo», añade M.M.G.
Su pesadilla recurrente -cada uno tiene la suya- es así: sale del autobús con la obsesión de que no tiene rostro bajo el amasijo de coágulos y trozos de carne que le cubren. Su paranoia es encontrar su reflejo para verse, pero todos los cristales de alrededor del autobús reventado están rotos. Y los espejos de los coches han visto a la Bruja y se han resquebrajado. Y él se arranca más coágulos y mas trozos de carne. Aún hoy, no está seguro de haber reencontrado su cara, porque nadie le ha ayudado a despertarse.

--------------------------------------------------------------------------------RETRATO DE UN ENFERMO l Todos sufren vértigos sobre la moto porque no tienen tímpanos.l Imaginan que cada conductor es el asesino de ETA que viene a rematarlos. l Los ansiolíticos y antidepresivos que han tomado durante 20 años están contraindicados para la conducción, y son motoristas de tráfico. l Trozos de metralla incrustados en el cráneo, en los brazos, en las piernas. l El diagnóstico sólo incluye estrés postraumático: ¿y las pesadillas? ¿Y la ansiedad? ¿El miedo a que vuelvan para «rematarnos»? ¿La psicosis? l «Después del miedo a morir, te queda el miedo a vivir», dice una de las no reconocidas víctimas.