22 junio 2006

¡POR DIOS, QUE NO NOS FALLE LA MEMORIA


Cuarenta y tres años, 15.695 días, lleva la sociedad española soportando el terror impuesto por unos sanguinarios. Cuarenta y tres años, 15.695 días, lleva una organización terrorista, masacrando, segando vidas humanas, destrozando familias enteras. Cuarenta y tres años, 15.695 días, de un sufrimiento atroz, despiadado, inhumano, imposible de soportar. Habrá que esperar otros cuarenta y tres años, otros 15.695 días sin atentados, sin extorsiones, sin kale borroka, para ver si es cierto el alto el fuego -permanente-. Yo para entonces, probablemente, no estaré vivo para contarlo.
El 31 de julio de 1959, en Bilbao, nacía ETA, como alternativa al PNV, para defender el euskera, el etnicismo, el antiespañolismo y la independencia de los territorios que conforman Alava, Vizcaya y Guipúzcoa (en España) y Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa (en Francia).Casi un año después, el 28 de junio de 1960, una niña de año y medio, Begoña Urroz Ibarrola, moría en la estación de Amara en San Sebastián, al explosionar una bomba.
Era el primer atentado sanguinario de ETA. Desde entonces, y hasta que el 30 de mayo de 2003, Julián Embid Luna, 53 años, y Bonifacio Martín Hernando, 56 años, miembros del Cuerpo Nacional de Policía, mueren destrozados por una bomba puesta debajo de su Citroen ZX policial, en la plaza de Santo Domingo de Sangüesa (Navarra), atentado en el que también resultan heridos de gravedad otro Policía Nacional y un empleado de Telefónica que pasa por allí, un total de 1.206 personas han muerto a manos de etarras.
Desde el 30 de mayo de 2003, la banda terrorista no ha conseguido asesinar a ninguna persona, porque, aunque se quiera vender lo contrario, lo ha intentando en varias ocasiones. No ha conseguido asesinar, pero ha puesto más de 100 bombas, a lo largo de casi toda España, amenazando, atenazando, intimidando, martirizando, oprimiendo a todo un pueblo que sólo quiere vivir en libertad y en democracia. Un pueblo que no ha tenido más remedio que acostumbrarse a convivir con el estruendo, con la barbarie de la kale borroka, o, como dice el escritor Juan Bonilla, «a distinguir el sonido de una bomba y a saber cuando no hay que coger el autobús».
Que enseñanza más cruel.Maria San Gil, que comía con Gregorio Ordóñez en un restaurante de la parte vieja de San Sebastián, el día 23 de enero de 1995, cuando un pistolero acabó con la vida de su compañero, ha dicho que -nadie está hecho para ver cómo matan a alguien de un tiro en la nuca. Te marca para toda la vida-. Esta mujer, que en lugar de abandonar y arrojar la toalla, lo que otros muchos vascos del mundo de la empresa, de la Universidad, y de otros sectores de la sociedad han tenido que hacer, marchándose de la tierra que les vio nacer, lo cual hubiera sido perfectamente lógico, decidió quedarse y luchar desde dentro, contra el cáncer que corroe, que ahoga, que mata…Pero esa valentía digna de todo encomio no le aleja de la realidad y por eso nos dice que -…es muy difícil vivir pensando en que te pueden matar, pero que es mucho peor vivir sin libertad--Libertad-, hermosa palabra que, paradojas de la vida, está en el significado gramatical de las siglas de la organización terrorista vasca.
ETA, en español, quiere decir -Euskadi y Libertad-. Que pregunten a cualquier familiar de los 1206 muertos o a los miles de heridos que todavía sufren las secuelas de los atentados, o a los cientos de empresarios extorsionados por los terroristas, qué es la -libertad-.Cuando escucho al Fiscal General del Estado decir que -hay que valorar la nueva situación, sobre todo cuando se trata de medidas cautelares, no de decisiones definitivas-, o a otros que hay que -sonreír- ante el anuncio de un -alto el fuego permanente- por parte de ETA, se me vienen a la memoria las palabras que un miembro de ETA, Iñaki de Juana Chaos, profirió recordando el asesinato del matrimonio Becerril en Sevilla: -Me encanta ver las caras desencajadas de los familiares en los funerales. Aquí, en la cárcel, sus lloros son nuestra -sonrisa- y acabaremos a carcajada limpia.
Esta última acción de Sevilla ha sido perfecta; con ella, ya he comido para todo el mes-.Esta es la cuarta ocasión en la que los etarras plantean un -descanso- en sus actividades. En su comunicado utilizan la frase -alto el fuego permanente-, lo cual, amén de despertar la sonrisa de algunos políticos, unos con ironía y otros dando prueba, una vez mas, de su candidez, deja muy a las claras la incultura de los autores del texto, porque, para hablar de alto el fuego se necesitan dos ejércitos beligerantes, es decir, dos pueblos en conflicto armado, situación en la que ni estamos ni nunca hemos estado. Por tanto, hay que convenir que se trata de una nueva tregua.
Tregua casi al mismo tiempo en que la Comisaría General de Información identifica tres comandos etarras autores de la colocación de las últimas bombas en empresas vascas; poco después del robo de 5.300 kilos de explosivos en Francia y de miles de placas matrícula vírgenes o dos troqueladoras, y al día siguiente en el que tres etarras roban una furgoneta en una gasolinera.Y yo me pregunto, si un alto el fuego se cuece de la noche a la mañana, y si este va a ser -permanente- ¿para qué apilar tanto material de guerra?Cuarenta y tres años, 15.695 días, lleva la sociedad española soportando el terror impuesto por unos sanguinarios. Cuarenta y tres años, 15.695 días, lleva una organización terrorista, masacrando, segando vidas humanas, destrozando familias enteras. Cuarenta y tres años, 15.695 días, de un sufrimiento atroz, despiadado, inhumano, imposible de soportar. Habrá que esperar otros cuarenta y tres años, otros 15.695 días sin atentados, sin extorsiones, sin kale borroka, para ver si es cierto el alto el fuego -permanente-. Yo para entonces, probablemente, no estaré vivo para contarlo.Y aunque nadie del entorno ETA ha pedido perdón, aún así, valdrá la pena tener esperanza. Con abandono de la violencia, con entrega de las armas, sin un coste político que resulte inaceptable, cabe el diálogo. Que la pausa se convierta realmente en renuncia. Eso es lo que esperamos